Algunas consideraciones de la Teoría del Apego
- abogadodefamiliays
- 1 ene 2025
- 23 Min. de lectura
by Sergio G. Benaroya
Introducción.
A lo largo de los años, la teoría del apego ha sido ampliada y enriquecida por varios autores destacados.
John Bowlby es reconocido como el creador de esta teoría, quien argumentó que los vínculos emocionales entre un niño y sus cuidadores son esenciales para su desarrollo emocional y psicológico. Su investigación se enfocó en cómo estas relaciones impactan la formación de la personalidad y la capacidad de establecer conexiones en la vida adulta.
En “Una Base Segura”[1] aborda la teoría del apego y sus aplicaciones clínicas. La obra se centra en la importancia de los vínculos afectivos en el desarrollo humano y el impacto de la crianza en la salud mental. Explica cómo la teoría fue formulada, sus orígenes y su evolución. Discute cómo se aplica la teoría en contextos terapéuticos. Incluye investigaciones sobre el apego y sus efectos en el desarrollo emocional. Propone que los vínculos emocionales son fundamentales para el desarrollo saludable de los individuos.
La figura materna o cuidadora proporciona una "base segura" para explorar el entorno. La calidad de la crianza influye en la formación de patrones de apego seguros o inseguros, que impactan en la personalidad y las relaciones futuras. Se destaca la importancia de la sensibilidad de los padres a las necesidades emocionales de sus hijos.
Se aborda cómo la violencia en el hogar puede perpetuarse de generación en generación.
Mary Ainsworth, colaboradora de Bowlby, es famosa por su trabajo empírico sobre el apego. "Patrones de Apego"[2] es fundamental en la psicología del desarrollo. Este estudio longitudinal, realizado en Baltimore, se basa en observaciones de la interacción entre bebés y sus cuidadores, y establece la importancia de la experiencia temprana en el desarrollo emocional y social de los niños.
Ainsworth introdujo el "Procedimiento de Situación Extraña" como un método estandarizado para evaluar el comportamiento de apego en niños. Este procedimiento implica episodios de separación y reencuentro entre el niño y su figura de apego, permitiendo observar cómo el niño busca proximidad y cómo responde a la ausencia del cuidador.
Los patrones de apego se clasifican en seguros, evitativos y resistentes/ambivalentes, reflejando diferentes formas en que los niños organizan su comportamiento de apego. Estas clasificaciones ayudan a entender las diferencias individuales en la calidad del vínculo entre el niño y su cuidador.
La sensibilidad y la respuesta adecuada del cuidador a las señales del niño son fundamentales para el desarrollo de un apego seguro.
Ainsworth identificó cuatro constructos clave relacionados con la sensibilidad materna: sensibilidad a las señales, cooperación con el comportamiento del niño, aceptación de las necesidades del niño y accesibilidad física y psicológica.
Mary Main desarrolló la "Entrevista de Apego para Adultos" (AAI), que evalúa cómo las experiencias de apego en la infancia influyen en las relaciones en la adultez. Su trabajo ha sido notable para comprender la transmisión intergeneracional de los patrones de apego.
Judith Solomon, junto con Mary Main, contribuyó al desarrollo del concepto de apego desorganizado, identificando cómo ciertos estilos de crianza pueden resultar en comportamientos desorganizados en los niños.
Peter Fonagy [3] ha investigado la intersección entre la teoría del apego y la psicología del self, introduciendo conceptos como la "función reflexiva", que se refiere a la capacidad de comprender tanto los propios estados mentales como los ajenos, lo cual es relevante para un desarrollo emocional saludable.
En el artículo "Persistencias transgeneracionales del apego: una nueva teoría"[4], explora cómo las experiencias de apego en la infancia influyen en el desarrollo psicológico y emocional a lo largo de la vida, y cómo estas experiencias pueden ser transmitidas a las generaciones siguientes. Fonagy incluye conceptos como la función reactiva, la mentalización y la especularización para explicar cómo los padres influyen en el desarrollo de sus hijos. Señala que la función reactiva es la capacidad de un individuo para reflexionar sobre sus propios estados mentales y los de los demás. Esta habilidad está relacionada con la seguridad del apego y permite a los padres comprender y responder adecuadamente a las necesidades emocionales de sus hijos. La mentalización, es la capacidad de atribuir estados mentales (pensamientos, sentimientos, deseos) a uno mismo y a los demás. La mentalización facilita la comprensión social y emocional. El desarrollo normal implica pasar de una percepción dual (equivalencia psíquica) a una percepción única (singularidad psíquica), donde los estados internos son reconocidos como representaciones simbólicas.
Alan Sroufe [5] ha llevado a cabo estudios longitudinales que demuestran cómo los estilos de apego en la infancia pueden predecir el funcionamiento social y emocional en la adultez, aportando evidencia sobre la relevancia del apego en el desarrollo humano.
Inge Bretherton [6] ha trabajado en integrar la teoría del apego con otras áreas de la psicología y ha contribuido a entender cómo las relaciones tempranas impactan el desarrollo social y emocional.
Bowlby y los modelos psicoanalíticos tradicionales de Freud y Klein
En el psicoanálisis, se conceptualiza la mente como dividida en consciente e inconsciente, donde una gran parte de la vida emocional y los conflictos residen en el inconsciente. Freud sostiene que las relaciones interpersonales son impulsadas principalmente por necesidades biológicas y pulsionales. Clasifica las pulsiones en dos categorías: sexuales (libido) y agresivas. La teoría de Freud se centra en la libido y las etapas del desarrollo psicosexual, interpretando las relaciones interpersonales a través de la óptica de deseos reprimidos y conflictos edípicos.
Freud propone que el desarrollo psicológico se organiza en fases psicosexuales (oral, anal, fálica, latente y genital), donde cada fase está marcada por la resolución de conflictos relacionados con las pulsiones. La manera en que se abordan estos conflictos determina el desarrollo de la personalidad y puede resultar en fijaciones o regresiones.
Según Freud, el apego es considerado un fenómeno secundario, derivado de las gratificaciones que se obtienen a través de las pulsiones sexuales y alimenticias. Para él, el apego se forma como resultado de la satisfacción de estas necesidades primarias, lo que sugiere que la relación con los cuidadores es vista principalmente como un medio para satisfacer deseos instintivos.
El enfoque está en los conflictos intrapsíquicos y su impacto en las relaciones interpersonales, así como en la historia personal del individuo y cómo estos conflictos internos afectan su vida emocional.
La interpretación de los sueños y otros materiales clínicos se fundamenta en deseos reprimidos y fantasías. Los modelos psicoanalíticos tradicionales se centran más en la interpretación clínica y el análisis de sueños, extrayendo significados de las narrativas del paciente y los símbolos inconscientes, sin prestar especial atención a la observación empírica de las interacciones tempranas.
Tanto Freud como Klein se centran en los conflictos internos y las dinámicas intrapsíquicas. Para Freud, los problemas emocionales surgen de deseos no resueltos y conflictos edípicos, mientras que Klein destaca la relevancia de las relaciones objetales y las proyecciones defensivas en el desarrollo emocional. La teoría kleiniana se enfoca en posiciones esquizo-paranoides y depresivas, donde los conflictos internos y las fantasías sobre los objetos son esenciales para comprender el desarrollo emocional. En estos modelos, el apego puede ser interpretado como una proyección de conflictos internos más que como una necesidad primaria, donde las relaciones con los cuidadores son vistas a través de la lente de fantasías y deseos inconscientes.
La teoría del apego formulada por John Bowlby presenta un enfoque único en comparación con los modelos psicoanalíticos tradicionales de Sigmund Freud y Melanie Klein, especialmente en lo que se refiere a la motivación primaria y al papel del apego en el desarrollo humano.
Bowlby argumenta que el apego es una motivación fundamental e independiente de otras necesidades, como la alimentación y la sexualidad. Esto implica que la necesidad de establecer y mantener relaciones de apego es esencial para la supervivencia y el desarrollo emocional del individuo. Según Bowlby, los vínculos afectivos formados desde la infancia son esenciales para el bienestar psicológico a lo largo de la vida.
Bowlby sostiene que el apego es una motivación primaria e independiente, vital para la supervivencia y el desarrollo emocional. Esto significa que los lazos afectivos con los cuidadores son fundamentales desde el nacimiento y no son simplemente el resultado de necesidades sexuales o alimenticias. Además, Bowlby subraya la relevancia de las relaciones interpersonales en el desarrollo emocional, basando su enfoque en la idea de que las interacciones tempranas con los cuidadores moldean la capacidad del individuo para establecer relaciones saludables en el futuro.
Bowlby propone que el desarrollo emocional debe ser entendido dentro del contexto de las relaciones sociales y evolutivas. La calidad de la relación con los cuidadores determina la seguridad del apego y, por ende, el desarrollo psicológico del individuo.
Bowlby integra conceptos de biología evolutiva en su teoría, sugiriendo que el apego tiene bases biológicas que han evolucionado para asegurar la supervivencia de la especie. Introduce el concepto de "modelos operativos internos", que son representaciones mentales formadas a partir de las interacciones con los cuidadores. Estos modelos influyen en cómo los individuos perciben y responden a las relaciones a lo largo de su vida.
Este enfoque resalta la importancia de las interacciones tempranas y la sensibilidad del cuidador en el desarrollo de un apego seguro. Además, propone que el apego se desarrolla en un contexto intersubjetivo donde la respuesta sensible del cuidador es fundamental. La calidad de estas interacciones influye en la formación de modelos operativos internos que guían las expectativas y comportamientos en relaciones futuras.
Bowlby enfatiza que las experiencias de apego inseguro pueden dar lugar a problemas emocionales y trastornos de personalidad, como ansiedad y depresión, debido a la falta de una base segura durante la infancia. Su enfoque destaca la importancia de las interacciones sociales en el desarrollo emocional, sugiriendo que las experiencias tempranas moldean la capacidad del individuo para formar relaciones saludables en la adultez.
La afirmación de Bowlby: el apego es una motivación primaria independiente de la alimentación y la sexualidad.
La afirmación de John Bowlby de que el apego constituye una motivación primaria e independiente de las necesidades de alimentación y sexualidad ha recibido apoyo de diversas evidencias empíricas, aunque también ha sido objeto de críticas y controversias. Mary Ainsworth, quien colaboró con Bowlby, desarrolló el procedimiento conocido como "situación extraña", que evalúa las reacciones de los niños ante la separación y el reencuentro con sus cuidadores. Los hallazgos indicaron que los niños con un apego seguro buscaban activamente estar cerca de sus cuidadores después de una separación, lo que sugiere que el apego es una necesidad esencial para su bienestar emocional.
Ainsworth identificó distintos patrones de apego (seguro, evitativo y ambivalente) que reflejan la calidad de las interacciones tempranas con los cuidadores. Estos patrones están relacionados con el desarrollo emocional y social posterior, lo que refuerza la idea de que el apego es una motivación fundamental.
Investigaciones a largo plazo han demostrado que los niños con apego seguro tienden a obtener mejores resultados en áreas como el rendimiento académico, las relaciones interpersonales y la salud mental, en comparación con aquellos que tienen un apego inseguro. Esto sugiere que el apego no solo es esencial en la infancia, sino que también tiene efectos duraderos a lo largo de la vida.
Los estudios han evidenciado que los patrones de apego se transmiten de generación en generación, indicando que las experiencias tempranas influyen en las relaciones futuras y en la capacidad de formar vínculos afectivos saludables. Además, investigaciones en neurociencia han identificado correlatos biológicos asociados al apego, como la liberación de oxitocina y vasopresina durante interacciones afectivas. Estas hormonas están vinculadas al establecimiento de vínculos emocionales y sugieren que el apego tiene una base biológica que apoya su consideración como una motivación primaria.
Bowlby cuestionó las nociones freudianas que consideran el apego como algo secundario a las pulsiones sexuales y alimenticias. La evidencia empírica que resalta la importancia del apego en el desarrollo emocional respalda su afirmación de que esta motivación es independiente y esencial.
Sin embargo, algunos críticos argumentan que la investigación sobre el apego puede ser limitada en su capacidad de generalización, dado que muchos estudios se han realizado en contextos occidentales y pueden no ser aplicables a todas las culturas. También se ha señalado que los métodos utilizados para evaluar el apego pueden no capturar completamente la complejidad de las relaciones humanas.
Algunos enfoques psicoanalíticos contemporáneos han integrado elementos de la teoría del apego, pero aún consideran factores intrapsíquicos y conflictos internos como fundamentales para comprender el desarrollo emocional. Esto genera un debate sobre la primacía del apego en comparación con otros factores psicológicos.
Estudios empíricos (ej. estudios longitudinales) que apoyan la validez de la teoría del apego en la predicción de resultados a largo plazo en la salud mental
Estudio Longitudinal de Minnesota
Este estudio ha demostrado que los niños que desarrollan un apego seguro tienden a tener un mejor desarrollo en comparación con aquellos que presentan un apego inseguro, cuando se les evalúa en etapas posteriores de sus vidas. Los hallazgos sugieren que los niños con apego seguro experimentan menos problemas emocionales y conductuales a medida que crecen, lo que indica una relación directa entre la calidad del apego durante la infancia y la salud mental en la adultez.
Estudio de la Universidad de California, Berkeley
Este estudio longitudinal ha seguido a un grupo de niños desde su infancia hasta la adultez, analizando cómo sus estilos de apego en la niñez impactan su bienestar emocional y social en la adultez. Los resultados han revelado que aquellos con apego seguro tienden a disfrutar de relaciones más satisfactorias y enfrentan menos problemas de salud mental.
Estudio de la Universidad de Londres
Este estudio investigó la conexión entre el apego infantil y el desarrollo de trastornos psicológicos durante la adolescencia. Los investigadores hallaron que los adolescentes que habían tenido un apego inseguro en su infancia eran más propensos a sufrir de ansiedad y depresión.
Estudio de la Universidad de Minnesota sobre el apego y el rendimiento académico
Este estudio longitudinal no solo se enfocó en la salud mental, sino también en el rendimiento académico. Los resultados sugieren que los niños con apego seguro obtienen mejores calificaciones escolares y muestran mayor resiliencia ante las dificultades académicas.
Estudio de seguimiento de Dunedin
Este estudio ha seguido a un grupo de personas desde su nacimiento hasta la adultez, analizando diversos factores, incluido el apego. Los resultados han indicado que aquellos con patrones de apego seguro presentan menos problemas de conducta y una mejor salud mental a lo largo del tiempo.
Estudio de la Universidad de Harvard sobre el apego y la regulación emocional
Este estudio ha explorado cómo los estilos de apego afectan la capacidad de los individuos para regular sus emociones en la adultez. Los hallazgos sugieren que un apego seguro está vinculado a mejores habilidades de regulación emocional, lo que se relaciona con una menor incidencia de trastornos emocionales.
Patologías posteriores asociadas con los diferentes patrones de apego en estudios longitudinales.
Los estudios longitudinales han vinculado distintos patrones de apego con diversas patologías psicológicas tanto en la infancia como en la adultez. Los niños que desarrollan un apego seguro tienden a experimentar un desarrollo emocional saludable, presentan menos problemas de conducta y se adaptan mejor socialmente. En la adultez, suelen disfrutar de relaciones interpersonales satisfactorias y poseen una buena capacidad para regular sus emociones.
Apego Inseguro Evitativo: Este patrón se ha relacionado con la aparición de trastornos de ansiedad, dificultades para expresar emociones y problemas en las relaciones interpersonales. Los adultos con este tipo de apego pueden encontrar complicado establecer vínculos cercanos y tienden a evitar la intimidad.
Los niños con apego ambivalente pueden desarrollar trastornos de ansiedad y depresión. En la adultez, es común que experimenten inseguridad en sus relaciones, dependencia emocional y dificultades para manejar el estrés.
Apego Desorganizado: Este patrón se asocia con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de personalidad, problemas conductuales y trastornos del estado de ánimo. Los adultos que han tenido un apego desorganizado a menudo enfrentan serias dificultades en la regulación emocional y pueden presentar síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), especialmente si han sufrido maltrato o trauma durante la infancia.
Los niños con patrones de apego inseguro, particularmente aquellos que son evitativos o desorganizados, tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos del comportamiento, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y conductas agresivas.
Investigaciones han demostrado que los adultos que experimentaron un apego inseguro en su infancia son más propensos a desarrollar trastornos como la depresión, la ansiedad generalizada y trastornos de personalidad.
Estudios empíricos respaldan la afirmación de que la elección de pareja sexual refleja patrones de apego perturbados
Se ha notado que las personas que han vivido un apego inseguro en su infancia tienden a seleccionar parejas que replican las dinámicas que experimentaron con sus cuidadores. Por ejemplo, alguien que tuvo un padre o madre abusivo puede optar por un compañero que también muestre comportamientos abusivos, perpetuando así un ciclo de apego disfuncional.
Las investigaciones han evidenciado que los adultos con estilos de apego inseguro (ya sea evitativo o ambivalente) son más propensos a involucrarse en relaciones conflictivas y menos satisfactorias. Estos patrones se reflejan en la manera en que manejan la intimidad, la dependencia y la comunicación dentro de la relación.
Los estudios han relacionado la elección de parejas problemáticas con un aumento en la incidencia de trastornos psicológicos, como la depresión y la ansiedad. Las personas con apego inseguro suelen enfrentar dificultades para regular sus emociones y pueden experimentar altos niveles de estrés en sus relaciones.
En entornos clínicos, se ha documentado que los pacientes que repiten patrones de apego disfuncionales en sus relaciones románticas a menudo tienen antecedentes de apego inseguro en su infancia. Esto sugiere que sus elecciones de pareja están influenciadas por experiencias tempranas de relación.
Algunos estudios longitudinales han seguido a individuos desde la infancia hasta la adultez, encontrando correlaciones significativas entre el tipo de apego experimentado en la niñez y las elecciones de pareja en la adultez. Estos hallazgos refuerzan la noción de que los patrones de apego impactan las relaciones románticas a lo largo del tiempo.
Teoría del apego de Bowlby y el modelo cartesiano de la mente y el mundo
La teoría del apego formulada por John Bowlby se diferencia notablemente del modelo cartesiano de la mente y el mundo en varios aspectos clave. El enfoque cartesiano, desarrollado por René Descartes, establece una clara separación entre el individuo y su entorno, considerando al individuo como una entidad aislada que interactúa con un mundo externo. En este marco, la mente se percibe como distinta del cuerpo, y la experiencia subjetiva se considera independiente de las relaciones interpersonales. Así, las relaciones interpersonales son vistas como secundarias y no esenciales para entender el funcionamiento psíquico, enfocándose más en los procesos internos del individuo que en sus interacciones con otros.
. Este enfoque tiende a fragmentar la experiencia humana al separar mente y cuerpo, así como los procesos internos de las interacciones externas, lo que puede resultar en una comprensión reduccionista de la psicología humana.
En contraste, Bowlby se aparta del modelo cartesiano al subrayar que la mente humana no puede ser comprendida sin considerar el contexto social y evolutivo en el que se desarrolla. La teoría del apego sostiene que las relaciones interpersonales son fundamentales para el desarrollo psicológico y que la mente está intrínsecamente vinculada a las experiencias de apego en la infancia. Bowlby argumenta que el apego es una necesidad primaria esencial para el desarrollo humano, sugiriendo que las experiencias tempranas con figuras de apego influyen en la formación de modelos operativos internos que guían las relaciones futuras. La calidad del apego impacta directamente en la salud mental y emocional a lo largo de la vida.
. Bowlby propone una visión más integral, donde la mente se considera un todo que experimenta los avatares del desarrollo a través de sus interacciones con el entorno social. La teoría del apego integra aspectos emocionales, cognitivos y relacionales, sugiriendo que el desarrollo humano es un proceso dinámico influenciado por las relaciones afectivas.
Modelos operativos internos que se identifican en la teoría del apego
En la teoría del apego, los modelos operativos internos (MO) son esenciales para comprender cómo las experiencias tempranas con figuras de apego afectan el desarrollo emocional y cognitivo de una persona.
Tipos de Modelos Operativos Internos (MO)
Modelo Operativo Interno Seguro: Este modelo se forma a partir de experiencias positivas y consistentes con las figuras de apego. Las personas que desarrollan un MO seguro tienden a tener una autoimagen favorable y confían en que los demás estarán disponibles para satisfacer sus necesidades emocionales. Esto les permite establecer relaciones saludables y gestionar el estrés de manera efectiva.
Modelo Operativo Interno Evitativo: Se origina de experiencias de desapego o falta de respuesta por parte de las figuras de apego. Los individuos con un MO evitativo suelen minimizar la importancia de las relaciones interpersonales y pueden tener dificultades para expresar sus emociones o buscar apoyo. Tienden a ser autosuficientes y pueden evitar la intimidad emocional.
Modelo Operativo Interno Ambivalente (o Preocupado): Este modelo surge de interacciones inconsistentes con las figuras de apego, donde el niño no puede anticipar cómo responderá el cuidador. Las personas con un MO ambivalente pueden sentirse ansiosas en sus relaciones, buscando constantemente la aprobación y el apoyo de los demás, pero también pueden exhibir comportamientos contradictorios, como acercarse y alejarse emocionalmente.
Modelo Operativo Interno Desorganizado: Este modelo es característico de aquellos que han vivido situaciones traumáticas o abusivas en su infancia. Los individuos con un MO desorganizado pueden mostrar comportamientos confusos y desorientados en sus relaciones, ya que sus figuras de apego son a la vez fuentes de seguridad y miedo. Esto puede resultar en dificultades significativas para regular sus emociones y formar vínculos saludables.
Comparación con Modelos Psicoanalíticos Tradicionales
A diferencia de los modelos psicoanalíticos tradicionales, que se enfocan en conflictos internos y pulsiones, la teoría del apego subraya la relevancia de las relaciones interpersonales en el desarrollo del individuo. Los MO se construyen a partir de experiencias reales con cuidadores, lo que destaca el papel crucial del entorno social en la formación de la personalidad.
La teoría del apego ofrece una perspectiva más integral al combinar procesos afectivos, cognitivos y relacionales, mientras que los modelos psicoanalíticos tradicionales tienden a fragmentar estas experiencias al concentrarse en aspectos específicos del conflicto interno o la dinámica familiar. En la teoría del apego, los MO son dinámicos y pueden evolucionar con nuevas experiencias relacionales. En contraste, los modelos psicoanalíticos tradicionales pueden considerar el desarrollo como más estático, donde las fijaciones o conflictos no resueltos en etapas tempranas tienen un impacto duradero.
Transmisión intergeneracional de los patrones de apego
La teoría del apego explica la transmisión intergeneracional de los patrones de apego como un proceso en el que las experiencias de apego de una generación impactan en las relaciones de apego de la siguiente. Este concepto se refiere a cómo los patrones de apego que una persona desarrolla en su infancia (hijos) son influenciados por las experiencias de apego que vivieron sus cuidadores (padres). Esto significa que los estilos de apego (seguro, evitativo, ambivalente, desorganizado) pueden ser replicados o alterados en la siguiente generación.
Los padres tienden a reproducir los patrones de comportamiento que aprendieron durante su propia infancia. Si un padre tuvo una figura de apego que fue sensible y accesible, es probable que actúe de manera similar con sus propios hijos. En cambio, si un padre sufrió negligencia o abuso, puede replicar esos patrones en su relación con sus hijos, perpetuando así la inseguridad en el apego.
La teoría del apego sugiere que es fundamental romper la cadena intergeneracional de patrones inseguros para promover la salud mental infantil. Esto puede lograrse a través de intervenciones terapéuticas que ayuden a los padres a reconocer y modificar sus propios patrones de apego, así como a desarrollar habilidades para proporcionar un entorno seguro y sensible para sus hijos.
Características principales del patrón de apego desorganizado. Su relación con el maltrato infantil
El patrón de apego desorganizado es uno de los estilos de apego reconocidos en la teoría del apego, y se caracteriza por una serie de comportamientos y reacciones que evidencian confusión y desorientación en la relación con las figuras de apego.
Los niños que presentan un apego desorganizado suelen exhibir conductas contradictorias y desordenadas al interactuar con sus cuidadores. Por ejemplo, pueden acercarse a la figura de apego mientras al mismo tiempo muestran signos de miedo o evitación. Esta ambivalencia indica una ausencia de un patrón de comportamiento claro en la relación.
Estos niños pueden reaccionar de forma intensa ante situaciones que implican separación o reencuentro con sus cuidadores. Alternan entre buscar consuelo y expresar rabia o pasividad, lo que sugiere una dificultad para regular sus emociones de manera adecuada.
La relación con el cuidador no les brinda un sentido de seguridad. Los niños pueden sentirse asustados o inseguros debido a la inconsistencia en las respuestas emocionales del cuidador, lo que contribuye a su confusión.
Hay evidencia clara de que muchos niños con apego desorganizado han sufrido maltrato o abuso. La figura de apego puede ser simultáneamente una fuente de protección y una amenaza, generando un conflicto interno en el niño. Este patrón se asocia frecuentemente con experiencias traumáticas, donde el cuidador también es el causante del trauma.
La falta de un entorno seguro y predecible impacta negativamente el desarrollo emocional del niño, contribuyendo a problemas en la regulación emocional y dificultades para establecer relaciones saludables en el futuro.
La experiencia de ser maltratado por alguien que debería ofrecer amor y protección genera una profunda confusión sobre las relaciones interpersonales. Los niños pueden aprender a asociar el amor con el dolor, lo que afecta su capacidad para formar vínculos seguros en la adultez.
Los padres que han vivido un apego desorganizado pueden replicar esos patrones en sus propios hijos, perpetuando así el ciclo de maltrato y desconfianza.
Investigaciones empíricas sobre la eficacia de la interacción parental cíclica en la regulación emocional infantil, diferenciando entre afecto negativo y positivo
La interacción parental cíclica se refiere a la dinámica en la que los padres reflejan y responden a las emociones de sus hijos, alternando entre momentos de conexión emocional y períodos de distanciamiento. Esta dinámica es fundamental para la regulación emocional en los niños y ha sido objeto de diversas investigaciones empíricas.
Los padres suelen reflejar las emociones de sus hijos, lo que les permite a los niños reconocer y regular sus propios estados emocionales. Este reflejo puede ser tanto positivo como negativo.
La interacción parental abarca momentos en los que los padres están emocionalmente disponibles y otros en los que pueden estar distantes o no responder adecuadamente a las necesidades emocionales del niño. Durante estas interacciones, los niños aprenden a diferenciar entre sus propias emociones y las de sus cuidadores. Este proceso de "desacoplamiento" les ayuda a anclar sus emociones en sí mismos, favoreciendo una mejor autoconciencia emocional.
Las interacciones en las que los padres reflejan afecto positivo ayudan al niño a desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Esto se traduce en una mayor capacidad para explorar su entorno y establecer relaciones saludables. Los niños que experimentan un reflejo positivo aprenden a gestionar sus emociones de manera efectiva, desarrollando habilidades de autorregulación emocional que son esenciales para su bienestar psicológico.
Aunque el afecto negativo puede parecer dañino, investigaciones indican que los padres que reflejan adecuadamente las emociones negativas del niño pueden ayudarlo a procesar y regular esas emociones. Por ejemplo, un padre que muestra empatía ante el miedo del niño puede hacer que este se sienta comprendido y menos ansioso. La exposición a interacciones donde se refleja el afecto negativo, siempre que sea moderada y acompañada de apoyo, puede enseñar al niño a enfrentar y manejar situaciones difíciles, lo cual es especialmente importante en contextos donde el niño puede experimentar frustración o tristeza.
Investigaciones como las llevadas a cabo por Gergely y Watson (1996) [7] han analizado cómo el reflejo parental impacta el desarrollo emocional del infante. Estos estudios han encontrado que la capacidad de los padres para reflejar adecuadamente las emociones del niño está relacionada con el desarrollo de la autoconciencia emocional y el autocontrol.
Se ha demostrado que los niños son capaces de identificar relaciones entre sus propias emociones y las respuestas de sus cuidadores, lo que les permite aprender sobre la regulación emocional a través de estas interacciones.
Categorías de comunicación disfuncional de los padres que contribuyen al desarrollo de la inseguridad en los niños, según el análisis de Marrone
De acuerdo con el análisis de Mario Marrone en "La teoría del apego. Un enfoque actual"[8], las principales categorías de comunicación disfuncional de los padres que contribuyen al desarrollo de la inseguridad en los niños son las siguientes:
Invalidación de la solicitud infantil de apoyo y comprensión: Por ejemplo, un padre que responde a un niño asustado con comentarios despectivos como “¡Pareces idiota! ¡No ves que no pasa nada!”.
Negación de la percepción del niño: Un padre que minimiza la experiencia del niño diciendo: “No éramos nosotros los que discutíamos, eran los vecinos”.
Comunicaciones culpógenas: Frases como “Si sigues actuando así, tu madre acabará enfermando”, que generan sentimientos de culpa en el niño.
Invalidación de la experiencia subjetiva del niño: Padres que no permiten a sus hijos expresar dolor, soledad o angustia, presionándolos para que siempre se muestren contentos y bien dispuestos.
Amenazas: Incluyen advertencias de abandono, castigos severos o incluso amenazas de suicidio, creando un ambiente de miedo e inseguridad.
Críticas improductivas: Comentarios que descalifican al niño o su comportamiento sin ofrecer orientación constructiva.
Comunicaciones que inducen vergüenza: Comentarios que humillan al niño y afectan su autoestima.
Intrusividad y lectura de la mente: Por ejemplo, un padre que dice: “Lo que a ti te pasa, en realidad, es...” sin permitir que el niño exprese sus propios sentimientos.
Reacciones desproporcionadas: Cuando las respuestas de los padres son excesivas en comparación con las del niño, lo que puede llevar al niño a inhibir sus solicitudes de ayuda para protegerse a sí mismo o a sus padres.
Comunicaciones entre padres en conflicto: Un padre que intenta aliarse con su hijo contra el otro progenitor, creando un ambiente de lealtades divididas.
El terror sin nombre: Una expresión utilizada por Bion para describir un estado de ansiedad sin un sentido claro, resultado de la incapacidad del cuidador para proporcionar contención emocional.
Marrone concluye que la repetición constante de estos estilos de comunicación contribuye significativamente al desarrollo de inseguridad en los niños, afectando su capacidad para establecer relaciones de apego saludables y seguras.
Entrevista de Apego para Adultos (AAI). Diferentes patrones de apego en adultos, y aspectos de la narrativa se consideran para la clasificación
La Entrevista de Apego para Adultos (AAI) es una herramienta semiestructurada creada para examinar los sistemas representacionales de apego en adultos. Desarrollada en la Universidad de Berkeley por George, Kaplan y Main en la década de 1980, ha demostrado ser altamente confiable y válida. La AAI no solo se enfoca en el contenido de las narrativas personales, sino también en la manera en que estas son narradas, lo que ofrece información valiosa sobre la seguridad del apego y la capacidad de autorreflexión del individuo.
Patrones de Apego Identificados en la AAI
Tipo Seguro o Autónomo: Las personas en esta categoría recuerdan su pasado con facilidad y pueden reflexionar sobre sus experiencias a través de un diálogo introspectivo. Se sienten cómodas al relatar episodios de su vida, y sus recuerdos suelen ser positivos. Pueden abordar experiencias negativas de la infancia de manera reflexiva y sin distorsiones defensivas.
Tipo Evitativo: Estos adultos tienden a proporcionar poca información sobre su historia personal y suelen minimizar la importancia de las relaciones íntimas. Su narrativa puede tener un tono intelectualizado, mostrando idealización o desprecio hacia sus figuras de apego. A menudo, su discurso es superficial y carece de profundidad emocional.
Tipo Preocupado o Ambivalente: Los adultos en esta categoría suelen ser confusos e incoherentes en su relato. Pueden tener dificultades para aplicar criterios objetivos a sus relaciones interpersonales y tienden a omitir información esencial. Su narrativa puede ser fragmentaria y estar llena de detalles secundarios, reflejando una intensa preocupación por relaciones pasadas.
Tipo Irresuelto/Desorganizado: Este patrón se caracteriza por relatos con contradicciones y rupturas en el razonamiento, especialmente al hablar de traumas o pérdidas. Los individuos pueden perder el hilo del pensamiento o introducir perspectivas incoherentes durante su narración. Este tipo se asocia con experiencias traumáticas severas en la infancia, como abuso o violencia familiar.
Mary Main y su equipo encontraron que no solo es relevante qué cuenta el sujeto, sino también cómo lo cuenta. Los aspectos narrativos considerados incluyen:
Coherencia Narrativa: La capacidad del sujeto para relatar su historia de manera clara y lógica es un indicador del desarrollo de su función reflexiva. Una narrativa coherente sugiere una mayor seguridad en las relaciones de apego.
Emocionalidad: La forma en que el individuo expresa sus emociones al relatar experiencias pasadas es fundamental. La presencia de emociones adecuadamente contextualizadas puede indicar un apego seguro.
Reflexividad: La habilidad para reflexionar sobre las propias experiencias y cómo estas han influido en el desarrollo personal es clave. Los adultos seguros tienden a mostrar una mayor capacidad reflexiva.
Consistencia: La coherencia entre lo que se dice y cómo se dice también es importante. Las contradicciones o cambios abruptos en el tono emocional pueden señalar inseguridades en el apego.
Estos elementos narrativos permiten a los evaluadores clasificar a los individuos en los diferentes patrones de apego, brindando una comprensión más profunda de cómo las experiencias tempranas influyen en las relaciones interpersonales actuales.
La teoría del apego y el tratamiento del duelo en adultos
El duelo se comprende como un proceso que no solo implica la pérdida del ser querido, sino también la calidad de la relación mantenida con esa persona.
Freud conceptualizaba el duelo como un proceso intrapsíquico centrado en la internalización de la pérdida, considerando el trabajo de duelo como un proceso económico de redistribución de la libido. Para Freud, el duelo era un proceso lineal que debía seguir ciertas etapas (embotamiento, anhelo, desorganización y reorganización), sin prestar suficiente atención al impacto de las relaciones interpersonales en la experiencia del duelo. En este marco, el duelo se percibe más como un proceso individual que como un fenómeno relacional, lo que puede limitar la comprensión de cómo las relaciones influyen en el proceso de duelo.
La terapia psicoanalítica tradicional puede enfocarse más en la interpretación de sueños y deseos reprimidos, desviando así la atención de las necesidades emocionales actuales del paciente.
La teoría del apego resalta la importancia de las relaciones interpersonales en el desarrollo emocional y en la experiencia del duelo. Bowlby sostiene que el apego es una necesidad primaria que influye en cómo las personas manejan la pérdida y el dolor emocional. La seguridad del apego afecta cómo se experimenta el duelo; aquellos con un apego seguro tienden a manejar mejor la pérdida.
Se reconoce que el duelo puede complicarse por patrones de apego inseguros, donde la falta de apoyo emocional durante la infancia puede resultar en dificultades para regular las emociones y afrontar pérdidas.
En el tratamiento del duelo desde la perspectiva del apego, se busca crear un ambiente terapéutico seguro donde el paciente pueda explorar sus emociones y recuerdos relacionados con la pérdida. Esto incluye reconocer y modificar los modelos operativos internos que impactan su forma de relacionarse con los demás y consigo mismo. La terapia se enfoca en fomentar una respuesta sensible por parte del terapeuta, similar a la respuesta esperada de un cuidador en una relación de apego segura, lo que ayuda al paciente a procesar su dolor emocional de manera más efectiva.
La teoría del apego sugiere que contar con una base segura en las relaciones interpersonales puede facilitar un mejor manejo del duelo y reducir la vulnerabilidad a problemas de salud mental posteriores. Se enfatiza también la importancia de las redes de apoyo social y familiar durante el proceso de duelo, sugiriendo que estas relaciones pueden actuar como factores protectores.
[1] Una Base Segura Aplicaciones Clínicas de Una Teoría Del Apego John Bowlby Paidós Psicología Profunda
[2] Mary D. Salter Ainsworth, Mary C. Blehar, Everett Waters y Sally N. Wall PATRONES DE APEGO Edición clásica publicada en 2015 Patterns of Attachment
[3] Handbook of Mentalizing in Mental Health Practice, Teoría del Apego y Psicoanálisis
[4] Persistencias transgeneracionales del apego: una nueva teoría. Revista Aperturas Psicoanalíticas,
aperturas psicoanalíticas NÚMERO 003 1999
[5] Emotional Development. The organization of Emotional Life in the Early Years
[6] Learning to Talk Abaut Emotions: A Funcdtionalist Perspective.
[7] Gergely, G. and Watson J. (1996). The social biofeedback theory of parental affect-mirroring: the development of emotional self-awareness and self-control in infancy (La teoría de la bio-retroalimentación (bio-feedback) social del reflejo parental del afecto: el desarrollo de la autoconciencia emocional y del autocontrol en la infancia). Int. J. Psycho-Anal. 77, 1181-1212
[8] La Teoría del Apego. Un enfoque actual. (2001) Mario Marrone. Madrid.

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